Del monólogo a la conversación permanente

SERIE JUSTICIA ABIERTA | ENTREGA 4
Peter Sharp

Durante siglos, la administración de justicia se estructuró desde una cultura monárquica y por tanto mono lógica. El sistema hablaba, dictaba y sentenciaba en un lenguaje críptico como ocurre hasta hoy en muchos tribunales de la región donde la ciudadanía solo escucha (muchas veces sin entender). Es una relación de arriba hacia abajo, donde el juez, el tribunal y la ley son una especie de oráculo distante e incuestionable. 

La justicia abierta propone un nuevo trato en su sencillez: convertir ese monólogo en una conversación. Y una conversación real supone que las partes hablan y escuchan en un lenguaje comprensible. Significa una ciudadanía que deja de ser un simple espectador- vasallo para volverse un interlocutor legítimo cuya valoración es clave en un modelo de gobernanza democrática.  

 ¿Por qué "permanente"? 

El diálogo no es un evento único ni una campaña de temporada. No basta con una consulta ciudadana cada cinco años o con una jornada de puertas abiertas como un evento social. 

Permanente significa que la conversación nunca se cierra construyendo una narrativa que debe conducir hacia la verdad. Es un flujo constante que se parece más a la respiración que a un discurso: sucede todo el tiempo, de manera natural, sostenida. Pensemos en la diferencia entre: 

  • 🗣️ Un diálogo esporádico: "Te consulto cuando lo necesito y luego te olvido." 
  • 🔄 Un diálogo permanente: "Mantengo un canal siempre abierto, escucho, ajusto y rindo cuentas de forma natural y continua." 
  • En definitiva, a través del diálogo las instituciones rinden naturalmente cuenta de su mandato. 

Otro punto fascinante es que este diálogo no ocurre solo entre "la justicia" y "el justiciable, es una conversación de muchos con muchos, en varias direcciones al mismo tiempo: 

Es como pasar de una carta enviada a un solo destinatario, a una gran mesa de conversación donde todos tienen un lugar. 

Es un diálogo explorador de la verdad. 

Polibio, historiador y político griego del siglo II a.C. señala que “la verdadera democracia se guía por dos principios, la iosegoría y la parresía”. La primera se funda en la igualad al derecho que tiene todo ciudadano a expresarse libremente y la segunda, parresía, está referida al coraje de decir la verdad incluso cuando ello podría significar asumir riesgos personales y que supone previamente a la isegoría. El diálogo desde la perspectiva de la justicia abierta supone por parte de los jueces respetar la isegoría y ejercer en todo momento la parresía con independencia de los otros poderes del Estado. 

Un diálogo genuino tiene consecuencias reales: 

  • Lo que la ciudadanía dice debe ser considerado en la toma de decisiones. 
  • Las críticas en sentido estricto se traducen en mejorar la institución  
  • La institución a través de la conversación permanente rinde cuentas a la ciudadanía  

¿Cuál debería ser el fruto de este diálogo?  

La respuesta es evidente, generar valor público y honor social en los intervinientes. 

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Política de Justicia Abierta